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Samuel Fernández, II Formado Discípulos Misioneros de Cristo, Diócesis de Alajuela

Estamos en un tiempo hermoso, de Gracia y Bendición, en el Tiempo de la Navidad. Donde celebramos el Misterio del Dios hecho hombre. Este es un tiempo que muchas veces pasa a la carrera. Muchos dicen que esperan tanto la noche de la Navidad y al final pasa tan rápido. Y es que ¿cómo no?, si prácticamente después del 15 de setiembre, ya nos meten la Navidad por los ojos. El comercio se llena de bellos adornos e infinidad de regalos, precios y descuentos. Las casas se adornan desde tal fecha. Pero llega el 24 se come la cena, se abren los regalos y al otro día prácticamente se quitan los adornos y se acabó.

¿Es esta realmente la esperanza del cristiano? Algo tan efímero como los elementos externos, que cabe decirlo, no son malos, pero si no nos orientan a Cristo, no tienen mayor sentido, o al menos no nos dan la felicidad verdadera. Además, recordemos, que la Navidad inicia hasta el 24 por la noche y termina con la Epifanía en Enero. Este año particularmente pensaba en las llamadas “Luces de Navidad” con las que adornamos nuestros hogares. ¿Qué sentido pueden tener para un cristiano, más que una simple decoración? Pues bueno, me atrevo a decir que el cristiano adorna su casa con luces, como la Corona de Adviento, porque espera a quien es la Luz Verdadera, Jesucristo el Señor.

Por esto mismo, me ha parecido relevante, destacar esta lectura de Isaías, que escuchamos en el III Domingo del Adviento, o “Domingo de Gaudete, de la Alegría” Pues hoy pueden ser muchos los corazones apocados. Muchos al oír esta palabra decimos ¿Y eso qué es? Apocado es sinónimo de encogido, tímido, infeliz. Un corazón que no está esperanzado. Por esto Isaías dice que hay que decirles a ellos ¡Ánimo! Yo diría que, en el tiempo presente, en el aquí y ahora, también hoy hay muchos que tenemos el corazón apocado, muchas veces poniendo la esperanza en cosas que no nos llevan a la felicidad. Inclusive, me he atrevido a cambiar un poco la palabra, o más bien por completo y decir: ¡Digan a los de corazón ocupado! Pues podemos tener el corazón ocupado en tantísimas cosas que lo Central que es Cristo lo dejamos de lado.

La Navidad sin Cristo, no tiene sentido, mis queridos hermanos. Y es que es un Misterio tan grande de Amor. Que Dios, siendo Dios, haya venido a tocar nuestra carne, a hacer como nosotros excepto en el pecado. Que Dios sienta con su pueblo, pues fiel a sus promesas es. Por eso, y continuando con Isaías, que manda a dar ánimo, pero no un ánimo vacío o sentimentalista, que pasa como el sentimiento que no perdura, sino un ánimo cargado de esperanza porque el Dios vengador y justiciero viene a salvarnos, a traernos la Salvación.

¿Cuál es la venganza de Dios ante la infidelidad del mundo? El Amor, la libertad y la paz. Pues por Amor da su vida en rescate de la humanidad, nos hace libres y nos desata de las cadenas del pecado y nos concede su Gracia y su paz. ¿Cómo vas a responder Tú ante este regalo de Dios en esta Navidad? La respuesta la tienes tú, solamente, pero yo sí de algo estoy seguro y es que Él está esperando a la puerta de tu corazón. Les deseo una muy Feliz Navidad en Cristo Jesús y un 2023 con Cristo como el Centro de sus vidas. ¡Recen por mí!